CRITICAS
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Ad Astra (2019)

por en 3 enero 2021
FICHA TÉCNICA
 
TÍTULO ORIGINAL:

Ad Astra

PAÍS:

Estados Unidos

DURACIÓN:

125 minutos

 

El corazón de las tinieblas (‘Heart of Darkness’) es una novela corta escrita por Joseph Conrad en 1899.

La historia trata de un viaje por barco a través de las profundidades de África. El protagonista es el explorador Charles Marlow, que debe partir a la jungla en busca de un enloquecido traficante de marfil, el señor Kurtz, que se ha convertido en el líder de una tribu de caníbales.

El libro ha sido adaptado varias veces al cine. De forma bastante literal en 1993 con una TV Movie del mismo nombre, que cuenta con Tim Roth y John Malkovich en los papeles protagonistas. Sin embargo, la versión más famosa es, sin duda, la película de 1979 Apocalypse Now, ambientada en la guerra de Vietnam. Dirigida por Francis Ford Coppola y escrita por John Milius, se trata de una obra cumbre d el género bélico, ganadora de dos premios Oscar y reconocida tanto por la crítica como por el gran público.

Esta novela también ha servido de base a James Gray para perpetrar uno de los coñazos más insufribles, vergonzosos y cutres de 2019.

Si es que me cago en Dios. Yo intento ser buena persona, pero no me dejan. NO ME DEJAN.

“¿Cuánto dices que queda de película?” “Entre 3 y 7 horas” “Oh…”

James Gray, por cierto, ya hizo una especie de versión de ‘El corazón de las tinieblas’ en 2016 con Z, la ciudad perdida, conocida en mi círculo social como La ciudad aburrida de Z. En aquella peli el protagonista era el rubio de Pacific Rim y el Spiderman este que parece Albert Rivera. También salían brevemente un Robert Pattinson barbudo y el Emperador Palpatine.

Ad Astra, haciendo honor a su nombre, cuenta con una buena cantidad de estrellas, aunque la mayor parte se encuentran en un estado de conservación similar al de la MIR en el año 2001. Salen Tommy Lee Jones y Donald Sutherland… este último en un papel que tiene tres líneas de diálogo y no sirve PARA ABSOLUTAMENTE NADA.

El protagonista es Brad Pitt que, de verdad, no sé qué pollas está haciendo en esta basura pedante y ridícula, sobre todo sabiendo que su peli favorita es La Batalla de los Simios Gigantes. Lo que sí puedo decir es que el tío me cae bien, pero su interpretación en la cosa más atroz que he visto en mucho tiempo. Se supone que el personaje tiene problemas emocionales y eso le hace frío e insensible. ¡Pero es que el cabrón no cambia de expresión en un solo fotograma! Tiene una cara de Charles Bronson que no puede con ella. Para eso, hubiera preferido a Charles Bronson pegando tiros en el espacio.

Por cierto, que el truño este tiene una nota de 6.5 en IMDB. Pero eso es porque la gente es imbécil. Para muestra un botón: la Liga de la Justicia tiene un 6.3 y Waterworld un 6.2. Hay quien dice que son películas que han tenido mucho esfuerzo detrás. Bueno. Eso es como si en un examen de geología me cago encima del papel y la profesora me pone un aprobado porque me he esforzado. No digo que sea mentira pero, ostras, no mezclemos conceptos.

¡En fin! Volvamos con la peli, que me disperso.

Unos rayos cósmicos de inusitada potencia caen sobre la superficie terrestre. Esto podría significar el fin de la humanidad tal y como la conocemos. Para sorpresa de todos, el responsable no es el Comandante Cobra. La NASA sospecha de H. Clifford McBride (Tommy Lee Jones), un antiguo astronauta del que no se sabe nada desde que partió a los confines del Sistema Solar en busca de vida extraterrestre. El único hombre que puede detenerle es su hijo Roy, viajando hasta Marte y leyendo una carta en una cabina de grabación. 

Es decir. Que la misión consiste en mandar a Brad Pitt al espacio para que grabe una maqueta. Porque en el lejano futuro de mis cojones morenos se pueden tener naves cósmicas y toda clase de artilugios extraños pero LOS RADIOCASETTES son una tecnología olvidada en los abismos del tiempo. La película deja muy claro, además, que en la NASA nadie quiere a Roy, pero le encargan la misión porque “no tienen más remedio”.

La primera vez que aparece el personaje está trabajando en un ascensor de tropecientos millones de metros de altura. Y qué queréis que os diga, esa estructura completamente inútil y claramente inestable me hace mucha gracia.

Por cierto, en el plano inicial de la peli se ve la tierra girar. Pero repito: Brad Pitt está en una torre. Una torre fija al suelo. NO PUEDE VER LA TIERRA GIRAR.

Si alguien se tira un pedo en el ascensor estelar, te tocan 300 pisos aguantando la respiración.

Antes he mencionado que Donald Sutherland está en la película, pero no se sabe muy bien para qué (aparte de cobrar el cheque). Es quien acompaña a Brad Pitt en su absurdo viaje. Un octogenario. Y eso no es todo. Para mantener la misión en secreto se supone que les cuelan en “un vuelo comercial”. 

Cielo santo, ¿ha pasado este guion algún filtro?

La historia es más tonta que mear haciendo el pino, pero eso, sí, está repleta de planos bonicos.

Lo que pasa, amigos míos, hermanos, socios, camaradas… es que ser buen director no tiene nada que ver con meter muchos “planos bonicos”. Porque resulta que los planos tienen que ENCAJAR los unos con los otros y tienen que ayudar a la NARRATIVA. El montaje debe ser coherente y apoyar la historia que se está contando. Michael Bay también sabe aprovechar la luz del amanecer y hacer giros de cámara espectaculares y, que yo sepa, ninguna peli de Transformers ha ganado un Globo de Oro.

Pero no quiero irme demasiado del tema, porque ahora viene la escena más memorable de Ad Astra: EL ATAQUE DE LOS MONOS ASESINOS.

¡No todo en la peli iba a ser malo! 

Los astronautas se cruzan en su trayecto con una nave científica que ha sido tomada por un grupo de babuinos de dientes afilados y culos agresivos. Así, Brad Pitt tiene un momento marcadamente heroico, al enfrentarse cara a cara con una versión de Rafiki ligeramente menos aterradora que la del remake de ‘El Rey León’.

Por supuesto, en la guerra eterna entre el hombre y el mono, siempre estoy del lado del mono. Más aún en esta ocasión, con personajes tan desganados que parece que todos se han metido un bote de Diazepam antes de empezar el viaje. 

El personaje más apasionado de toda la película. ¡A por ellos, monete! ¡¡MÁTALOS A TODOS!!

El capitán de la nave muere en el ataque, pero Pitt logra derrotar al líder de los simios encerrándole en una cámara de descompresión y dándole a una palanquita. Así que le estalla la puta cabeza. ¡CATAPUM! Como en aquel episodio de ‘Los Simpson’ en el que Bart y Homer huyen de una nave que va directa al Sol. La descompresión en el espacio no funciona así pero, ¿a quién coño le importa? Le han volado la cabeza a un babuino y, sólo por eso, la película ha ganado muchos enteros.

En la siguiente escena una voz en off nos explica que todo esto es simbólico, y que el personaje estaba luchando contra sus instintos. Que el ser humano es, a fin de cuentas, un primate.

MUCHAS GRACIAS POR EXPLICAR EL SIGNIFICADO DE CADA ESCENA EN TIEMPO REAL. SOY TAN TONTO QUE NO PODÍA HABERLO AVERIGUADO POR MÍ MISMO. QUÉ PROFUNDA QUE ES TU PELÍCULA, JAMES GRAY. SI NO ES POR TU TALENTO Y VISIÓN, CASI HABRÍA COMETIDO EL ERROR DE ENTRETENERME.

Como el capitán de la nave ha muerto y el copiloto es gilipollas, Pitt aterriza el vehículo, en una escena que solo puede ser un homenaje al mítico Lunar Lander. Dios, ¿os imagináis que esta peli tan pedante fuera una adaptación de videojuego? Sólo habría que cambiarle el título. De repente la nota media en Rotten Tomatoes bajaría como veintitantos puntos.

Así que al fin estamos en la Luna, hogar de Lupita, Lublú y Lucho.

En la superficie de Selene hay una base descomunal con millones de pasajeros que van y vienen. No recuerdo su nombre, así que la llamaré Adolfo-Suárez Mar de la Tranquilidad. El problema es que esta base, grande como una ciudad entera, no tiene ni metro ligero ni bus de línea. Para acceder a la plataforma de lanzamiento del siguiente cohete (el que llevará a nuestros valientes héroes a Marte), los desdichados tienen que desplazarse por la superficie lunar en un buggy de los años 70. Lo cual tiene muchísimo sentido.

En el trayecto los personajes son atacados por… ¡PIRATAS ESPACIALES! Tiene lugar una persecución. Pero no os emocionéis: la música es de una sosez inconmensurable, la emoción brilla por su ausencia, los efectos especiales no son gran cosa y la puñetera voz en off no se calla ni un segundo. Los piratas ni siquiera llevan parches ni patas de palo.

Que los gráficos de PS3 no os engañen: esta película es mucho peor que el peor juego de PS3.

Por cierto, no creo que los bandidos estos tengan muy claras sus prioridades en la vida. Lo costoso que es mantenerse con vida allí arriba no compensa las cuatro piezas de chatarra que, en el mejor de los casos, pueden obtener. Y menos aún las bajas sufridas. ¿No hay mamás piratas esperando a sus hijitos piratas en sus casas lunares pirata?

Muchas de estas cosas las podría perdonar si el tono de la cinta fuera más ligerito, más animado. Pero el director intenta recordarte, una y otra vez, que esto es muy serio y que tú tienes que tomártelo como si fuera Lawrence de Arabia.

Una pregunta seria: ¿Cómo es posible que una película con MONOS ASESINOS y una PERSECUCIÓN de PIRATAS ESPACIALES en LA LUNA sea tan monstruosamente aburrida?

A partir de aquí Donald Sutherland deja de salir y Brad Pitt sigue solo. 

Ahora toca lo mejor de todo. La guinda del pastel.

Marte. El planeta rojo. La estrella de la Guerra, como la llamó HG Wells. Un mundo nuevo y distante… Representado hábilmente por el director de arte con los pasillos de un polideportivo en ruinas. Iluminados, eso sí, de color rojo. Genial. Maravilloso. Magnífico.

VALORES DE PRODUSIÓ.

De forma que meten a Brad Pitt en una salita para que grabe un podcast. Porque os recuerdo que, por absurdo que parezca, esa era la trama de la película. 

El problema es que lo que han escrito los chicos de la NASA no tiene garra y no convence a Tommy Lee Jones para que desvele su posición. Nuestro héroe decide entonces decir lo que le sale de los huevos y entonces sí, entonces el villano responde y revela dónde está oculto: en Neptuno. El mismo lugar al que van los tontos cuando el Atleti gana una copa.

Títulos de crédito y fin.

¡Que no! ¿Os lo habíais creído? ¡Si aún queda como una hora y media de peli!

Por cierto, en el briefing inicial del filme, los militares ya mencionan Neptuno. La verdad es que no queda nada claro qué información nueva han obtenido con el numerito este. Y no me vengáis con que “Neptuno es muy grande” porque ya veréis, más adelante, que eso no es verdad. Es más difícil encontrar la figurita del roscón que al padre de Brad Pitt.

We know a remote farm in Lincolnshire, where Mrs. Buckley lives. Every July, peas grow there…

El aguerrido piloto espacial decide que la misión camino de Neptuno no puede partir sin él. Después de todo, van a buscar a su papaíto (y a volarlo con una puñetera bomba atómica). 

Brad Pitt se cuela en el cohete de apariencia fálica con una serie de estratagemas dignas de un episodio de Scooby Doo.

Por supuesto, las distancias en Marte son cosa de risa y no se tarda más de veinte minutos en ir de un extremo al otro del planeta. Pero lo mejor no es eso.

Lo mejor es que el señorito MATA a TODA la tripulación original de la nave.

A ver, la película quiere hacernos creer que él no tiene la culpa. Todo lo ocurrido es producto de la casualidad o de la estupidez profunda de los astronautas (se conoce que el psicotécnico para entrar en la NASA consiste en escribir tu propio nombre sin faltas de ortografía).

Resulta que los tripulantes se acojonan al descubrir a Brad Pitt, porque han visto “Leyendas de Pasión” y saben que con un machote así en la nave sus culos no estarán seguros. Los muy anormales se desabrochan los cinturones de seguridad y, atención, empiezan a pegar tiros. En una nave espacial. Que está a punto de despegar. 

Sí, son gilipollas. Eso está claro. Pero la cuestión es que el protagonista no tiene ningún motivo para estar ahí. El tío grita un par de veces “¡NO LO CONSEGUIRÉIS SIN MÍ!”. Pero eso es mentira. La historia habría terminado EXACTAMENTE IGUAL con o sin Brad Pitt en la nave.

Tras esto, el muy cabrón tiene la indecencia de decir solo la historia puede juzgarme.

Sí, la historia Y TODAS LAS NACIONES DE LA TIERRA. Porque, que yo sepa, colarte en un cohete y ser corresponsable de la muerte de dos astronautas es UN DELITO.

Por el camino se ha pillado unas patatas fritas cosecha de Matt Damon.

De Marte a Neptuno hay, según la peli, ochenta días. Son. Ochenta días son. Ochenta nada más. Para ir de Marte a Neptuno.

Canciones de Mocedades aparte, es una cantidad de tiempo RIDÍCULA, sobre todo considerando las dificultades que los personajes han tenido que sufrir para ir de la Tierra a la Luna. 

Si los confines del Sistema Solar están a distancia del Camino de Santiago, ¿para qué hace falta tanta tontería? ¿Por qué no mandar más naves? ¡El destino de la humanidad está en juego! ¡¡Que manden quince cohetes, maldición!!

Pero la voz en off nos explica, una vez más, que todo esto es simbólico. Ochenta días en absoluta soledad es un periodo de tiempo imposible para cualquier ser humano. Somos seres sociales, que necesitan calor y compañía. Las complicaciones a las que debe enfrentarse nuestro héroe son atroces, impensables y aterradoras.

Excepto porque en 2020 hemos vivido una PUTA PANDEMIA MUNDIAL y hay peña que ha pasado más de ochenta días encerrada en un espacio bastante más pequeño que el cohete ese de los cojones. 

Supongo que el problema es que Brad Pitt no se había llevado ningún tebeo de las Patoaventuras y, reducidas las opciones de ocio, ha descubierto que hay un límite de pajas que puede hacerse un ser humano antes de caer exhausto.

Llegados a este punto, estaba rezando para que saliera la nave de Horizonte Final.

Nada más llegar a Neptuno, el héroe puede ver perfectamente la nave en la que está escondido su padre. De forma que aparca su cohete (sí, APARCA), en el lado opuesto de los anillos, para que no le pillen. Lógica de los Looney Tunes. Tras esto, se dirige flotando a su objetivo, porque en esta película el espacio sideral tiene el tamaño de Rivas Vaciamadrid.

Al fin el padre y el hijo se ven cara a cara. Y llegados a este punto, nos damos cuenta de que la peli no va a remontar.

Porque, vamos a ver, la premisa de toda la aventura es que un señor viejuno se ha vuelto loco y se ha puesto a lanzar rayos cósmicos. Pero:

  • No sabemos qué le ha trastornado. Sí, ha descubierto que no existen los aliens. Pero, ¿qué mierda de tragedia es esa? ¿Tanto le gustaba ET de crío?
  • No sabemos cómo un señor de esa edad ha podido cargarse a toda la tripulación de una nave espacial.
  • No sabemos cómo ha podido sobrevivir todo ese tiempo en un espacio reducido, sin apenas suministros y sin nadie para hacer reparaciones más que él mismo.
  • No sabemos cómo un anciano demenciado ha podido convertir una cosa pensada para mandar mensajes de WhatsApp en un PUTO RAYO DE LA MUERTE. 
  • No sabemos qué motiva a este señor a pensar que lo mejor que puede hacer para aprovechar la jubilación es exterminar a toda la especie humana.

Sí, se supone que está loco. Pero, ¿eso es todo? “Está loco” es el nuevo “lo hizo un mago”.

Por cierto, el diálogo entre Brad Pitt y Tomy Lee Jones es para mear y no echar gota. Como la película tiene más de un año y no me ha dado la gana volverla a ver, no me acuerdo de mucho, pero creo que era una cosa más o menos así:

Qué tal, Papá. 

Pues nada, hijo, por aquí. Ya sabes. Aniquilando a la humanidad. ¿Qué tal tú? 

Muy bien todo, Papá. 

¿Sigues con la Angelina?

No, Papá. Ya no.

Pues qué pena, hijo. Era muy guapa.

Oye, Papá, ¿estás haciendo ejercicio?

Sí, hijo, sí. Me hago una vuelta a la nave todas las mañanas.

Eso está muy bien. ¿Qué? ¿Nos volvemos a la Tierra?

Ay, no sé, hijo. Es que justo ahora acabo de terminar el Rayo de la Muerte.

Venga, Papá, no seas crío.

Bueno, vale. Pero escojo yo la emisora, ¿eh? Que lo que tú oyes no es música, es ruido.

¿Quién necesita “Los Critters en el espacio” cuando tiene “Los Serrano en el espacio”?

Tengo una teoría con respecto a los artistas profundos que se obsesionan con la Muerte, la fragilidad del ser humano y la ausencia de Dios: son tontos. Tontos de remate. No dan más de sí los pobres. Son como universitarios fumetas con la diferencia de que a un universitario fumeta se le acaba pasando el colocón. 

Porque resulta que, ¡Oh! ¡Albricias! TODO EL MUNDO ha pensado en la Muerte, la fragilidad del ser humano y la ausencia de Dios. Y cuando digo todo el mundo, quiero decir todo el mundo. Desde un agricultor de calabazas murciano hasta un obrero vietnamita. Y son cosas que uno reflexiona cuando tiene quince años. Luego sigues adelante con tu vida porque las cosas son como son y cuando algo no tiene solución, no tiene sentido darle más vueltas. Estar obsesionado con He-man y los Masters del Universo me parece bastante más maduro, más inteligente y más adulto que obsesionarse con las “preguntas básicas del cosmos”. Precisamente por eso, porque son básicas. No hay más matices ni más aristas que explorar. Es lo que es.

Woody Allen habla de esas cosas pero el tío al menos es gracioso. Tragarme dos horas de diatribas soporíferas y pretenciosas que no van a ningún sitio me parece una pérdida total de tiempo, sobre todo cuando el relato no tiene la menor lógica. Y por eso A Ghost Story no es “una obra maestra” sino un montón de mierda. 

Pero volvamos con el filme que nos ocupa hoy. 

En el viaje de vuelta a la nave, Tommy Lee Jones decide soltarse y perderse por siempre en el espacio sideral. Es decir: el malo muere solo. La película no deja que el protagonista tome ni una sola decisión relevante. Pero, ¡no temáis! Brad Pitt tiene un último momento de glorioso ridículo antes de dar por concluida la aventura. Y es que para alcanzar su cohete, debe cruzar los anillos de Neptuno (la versión de Hacendado del cinturón de asteroides de El Imperio Contraataca).

Afortunadamente, el zagal tiene un trozo de chatarra en las manos, que utiliza como si fuera el escudo del Capitán América. Y los golpes, en lugar de hacerle retroceder, le empujan hacia adelante, hasta que llega a su propia nave. Pero, ¡ay! ¡No queda combustible para llegar a la Tierra! No hay problema: Pitt vuela la bomba atómica, propulsándose mágicamente en la dirección correcta.

Finalmente, nuestro héroe se relaja en un Starbucks recordando sus apasionantes aventuras y dando a entender que va a follarse a Liv Tyler. Entonces se despide de nosotros, los espectadores, con la siguiente reflexión:

No estoy seguro del futuro, pero eso no me preocupa. Confiaré en los más cercanos a mí y compartiré sus cargas, como ellos comparten la mía. Viviré y amaré.

Madre mía, James Gray. Métete este guion por Urano, por favor.

No hay absolutamente NADA salvable en Ad Astra. Y si me defendéis la peli porque habla de “la condición humana”, que sepáis que me siento tentado a soltar un improperio. 

Diría “que os den por culo”, pero no me parece bien. Soy perfectamente consciente de que hay un porcentaje importante de la población que se alegraría enormemente de que alguien les diera por el culo, especialmente en estos tiempos de confinamiento donde el contacto humano se ha vuelto un bien preciado y escaso. Así que en lugar de eso diré “iros a la mierda”.

Qué bonita forma de terminar una crítica, ¿verdad? Solo sería mejor con música lánguida y coloridas imágenes de los planetas.

Una colorida imagen de Los Planetas.

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