CRITICAS
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El Resplandor (1980)

por en 11 mayo 2020
FICHA TÉCNICA
 
TÍTULO ORIGINAL:

The Shining

PAÍS:

Reino Unido / Estados Unidos

DURACIÓN:

148 minutos

 

Con una pizca de irreverencia y un cargamento de mala leche voy a atreverme a cuestionar, diseccionar y en definitiva destrozar esta obra maestra del maestro de maestros del cine del siglo XX. Que manda huevos la fama y rocambolesca ceremonia que se le rinde a este mastuerzo en tantos corrillos cinéfilos pseudointelectuales cuando de su pluma y cabeza han nacido algunos de los ladrillos más tochos y a la vez más sobrevalorados de la historia del cine. Tampoco voy a hacer una comparativa con el libro original porque sería sangrante, el bueno de Stanley se debió limpiar el culo con él, y salvo destacadas excepciones me ahorraré los comentarios. ¿SPOILERS? TODOS.

APAGANDO EL RESPLANDOR 

   Voy a empezar con mi valoración personal: esta película es, con todos los respetos, una oda al arte de tomar prestada una idea atractiva -que no original-, un libro bueno -que no excelente- y pasárselo por el forro de los huevos con toda la impudicia e ida de olla de la que uno sea capaz. Este último punto, en el caso de Kubrick, puede llegar a extremos paranormales.

   La película trata de un maestro don nadie que consigue el trabajo de vigilante de fuera de temporada en un lujoso hotel perdido en los montes de la América profunda, y de cómo después de mudarse allí con su familia y quedarse aislado hasta el deshielo, se le pasa el arroz de la cabeza que es una barbaridad. Comienza con un vuelo rasante de cámara por encima de un lago y un paisaje impresionante de montaña, allá en los Cárpatos americanos, donde George Bush perdió el tornillo. Un plano secuencia laaaargo y leeento aderezado por una de las mejores bandas sonoras del género y unos de los más horribles títulos de crédito, indignos de una producción así. El amigo Kubrick, en adelante El Maestro, nos introduce en la historia con LA ENTREVISTA, el momento en el que un todavía en sus cabales (o eso debería parecer) Jack Torrance (Nicholson) conoce por primera vez el Overlook y de paso al hombre que tiene que decidir si contratarle, el gerente del hotel, Sr. Ullman.

   Aquí voy a insertar la primera pega seria, una de esas que me irritan la entrepierna cual almorrana inquieta, y que además es una crítica compartida por el propio Stephen King. No se le pueden echar tantas flores al tito Jack por este papel. No puede ser que Jack Torrance dé miedo desde la primera escena, debe percibirse su caída en la locura, su degradación paulatina por obra del hotel. Y este Nicholson excesivo parece estar chiflado desde el mismísimo principio de la película.

¡Ja, ja, ja, ja! Yo es que ya venía loco de casa. El mismo careto me sirvió para hacer de Joker.

   Justo después nos presentan a su esposa, la pobrecita Wendy, interpretada por Shelley Duvall, una de las actrices más feas de todo Hollywood, por encima incluso de la Lois Lane de Superman y de la que hace del monstruo de la laguna Negra. ¿Ah, que era un tío? Da igual, Shelley Duvall también es más fea que ése. Dicen que Kubrick la insultaba durante el rodaje, que la maltrataba psicológicamente para crearle miedo y ese careto de ansiedad. Por Dios, da la impresión de que el tipo se quedó corto, más la hubiera insultado yo.

   Por cierto, me niego a hablar del doblaje, ¡me niego a hablar del doblaje! ¡NOOOO! ¡No puedo negarme! Por favor, desde aquí pongo en marcha una plataforma, lanzo un llamamiento, una recogida de firmas para que retiren de los fnacs, cortes ingleses y tops mantas todas las copias dobladas al castellano de esta película, también propongo un decreto ley que prohíba terminantemente que Verónica Forqué vuelva a doblar para el cine o la televisión nada que no sean servilletas de papel, si quiere doblar que se dedique a la papiroflexia.

    Si es que soy una monada. Mi hermano Sloth ya triunfó en Los Goonies, pero a él tuvieron que maquillarle

   Entre la voz de una y el careto de la otra son capaces de cargarse toda la tensión y el terror que debe causar la cinta. Pensar que el propio Maestro fue quien escogió las voces internacionales no nos puede llenar de nada más que de una profunda desolación.

   También nos introducen al niño, suerte de Calimero inexpresivo y caritontecino al que de buenas a primeras le da por hablar con su dedo, se le pone la voz ronca y estira y dobla el índice de la mano como si fuera un flexo. Con ese truco rompedor, recurso visionario nacido de las raíces del Actor’s Estudio, el Maestro pretende que en vez de mearnos de risa del engendro de chiquillo, nos meemos pero de miedo.

Uy, qué mocazo. ¿Me lo como o lo pego en las cortinas?

   Una vez presentados los principales personajes, la primera media hora de película transcurre al ritmo de corre corre que te pillo. El propio Ullman, o en su defecto Halloran, el jefe de cocina, se encargan de resumirnos en los menos minutos de metraje posible la historia truculenta del Overlook mientras Nicholson nos regala un muestrario de muecas de psicópata y el niño habla con su propio dedo ronco en una escena de espejo delirante. Los Torrance ya se han instalado en el hotel y al chaval, mientras juega solo a la diana con unos dardos de púas más largas que su dedo, vamos, lo que hacen todos los críos, se le aparecen dos niñas más sosas que una sopa de piedras que si dan miedo por algo es por FEEEEEAS, porque la escena está rodada sin alma ninguna. La historia del hotel, sus características, su importancia en la historia queda relegada a un segundo plano. El tipo se va a volver loco y punto. El cocinero Halloran, además de ser el personaje clave que da sentido a la actitud del niño, es el único que ha pescado que el crío tiene algo especial, pero como se larga enseguida y deja de pintar en la historia hasta cinco minutos antes del final, y total, para nada, nos quedamos con las ganas de saber más.

¿Vas a comerte eso?

   La película sirve más como promoción de la (entonces) nueva Steadycam que como filme de terror. Al puñetero niño le han regalado un triciclo y piensa enseñarnos el hotel cada cinco minutos, para sufrimiento de la espalda del que carga con la Steady. Mientras, su padre no escribe una mierda, y la paga a pelotazos con las paredes, que eso es hacer ejercicio y es muy sano. El jueves (qué más nos dará que sea jueves si no sabemos qué día era cuándo empieza) el tolete del triciclo encuentra la habitación 237. Menos mal, algo de chicha más allá de los caretos de Jack, la música machacona y la distracción que supone el pésimo sonido. Pero nada, está cerrada. Plano de las niñas y su enorme frente sin venir a cuento. Nos hacen creer que Jack escribe y de camino le pega un par de gritos a su mujer. El hombre del tiempo dice que nevara esta noche. ¿Pero tú eres gilipollas? ¿Le interrumpes para eso? No te extrañe que te grite, so mema. Yo ahí no veo que Jack se esté volviendo loco, cualquiera habría hecho lo mismo con esa lerda.

   Sin embargo, como se supone que hay que verlo, nos ponen un careto más de Jack, que se ha vuelto tarumba de una escena a la otra, sin paso previo, sin transición. Total, como ya estaba medio loco al principio… Eso es planificación, dar coherencia a la historia.

Aproveché la peli para ensayar la cara de colgado que iba a poner en Lobo. Qué bien me queda el cuello alto setentero, oyes.

   A Danny le siguen persiguiendo las niñas y a Jack se le aparecen fantasmas en un bar que debe ser que antes no estaba allí. No nos hemos enterado del por qué de las apariciones debido a la prisa con la que el Maestro se ha quitado los detalles de encima en los quince primeros minutos. Pero aprovechamos la ocasión para sacar a pasear el dedo del niño y dejarle otra vez en ridículo. En el libro explican en profundidad la relación entre Jack y su hijo, si tuviéramos esa información podríamos entender la catarata de escenas leeeeentas y aburridas que no nos llevan a nada, pero como a Kubrick todo eso se la suda, pues sigan mirando que enseguida empezamos los sustos. El niño aparece con el dedo en la boca y unos arañazos en el cuello, y por sus cojones a Wendy se le va el alma (es metáfora, transmite menos que un enano de esos de jardín) en echarle las culpas a Jack, que ahora sí se le va la pinza y se pone a vagar por el hotel haciendo el simio.

¿Los pajaritos? ¿Paquito el chocolatero? Para mí que imita a Krusty, el payaso.

   Se enteran de que algo a atacado a Danny en la habitación 237, y para allá que va Jack a investigar a la vez que, a tomar por culo de lejos, el cocinero con telequinesis de alto alcance, detecta los murmullos de las ballenas blancas en celo del Atlántico norte y de paso el ataque de baba de Danny en el hotel. Eso sí que es capacidad mental. Igual hasta pilla los canales del Astra sin antena ni nada. La vieja de la 237 le da al Maestro la oportunidad de mostrar esos felpudotes que tanto le gustan.

   Durante cinco minutos se olvidan de que Jack estaba loco, pero ojo, cuidado, Shelly Duvall ha empezado a llorar y a poner cara de pánico y ese recital no va a terminar hasta los títulos de crédito, pedazo de clase magistral de interpretación. Para colmo se le ocurre decir al sobreactuado de su marido que deberían marcharse del hotel, ay chiquilla, qué cosas tienes. Así que el tito Jack se pira y descubre los restos de una fiesta, fiesta que en el libro se explica, se detalla y tiene antecedentes y hasta importancia en la historia, pero como a Kubrick la historia se la sopla, pues la fiesta también. Quedémonos simplemente con que hay una fiesta y por arte de magia todos le conocen.

La patética sobreactuación de Nicholson da grima. Nos regala diez minutos eternos de charla con el padre de las gemelas para explicarnos algo que no queda bien explicado, que Jack siempre fue el vigilante y que su hijo se lleva bien con un negro y que por sus cojones pretende utilizar su resplandor contra él. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Dónde dice eso? ¿En qué se basa? Ole y ole al espectacular guión. La confusión que acarrea esta película es desesperante y encima se mezcla con un ritmo lento hasta la exasperación.

   Mientras, Wendy se pone a buscar a Jack con un bate de béisbol en la mano, no se recuerda que tenga ningún motivo para ello, que haya visto ningún indicio de que vaya a hacerle daño, pero ella por si acaso. Entonces encuentra que el supuesto libro de Jack sólo contiene una única frase, que Kubrick se encargó de adaptar a cada idioma y que aquí en España se quedó en el espeluznante “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Ahí queda eso. Cuando Jack la descubre empieza la verdadera película, el germen de la fama y popularidad que tiene como film de culto. Y es que sin ese Nicholson desbocado y la escena del cuarto de baño este divertimento no pasaría de ser un coñazo paranoide más de su autor.

   Después, superwoman arrastra a su marido de 90 Kg. por todo el hotel hasta encerrarlo en la cámara frigorífica y se aleja de allí con un muestrario de muecas de almorrana muy difícil de olvidar. Estoy convencido de que los caretos de la Duvall han causado más pesadillas que todo el resto de la película.

¿Entonces para Scream 4 no vamos a necesitar máscara?

   El guion es pésimo hasta decir basta y los diálogos absurdos y forzados. La mayoría chirrían, otros no encajan en el tono general de la película, por lo menos, en el tono que como película de terror seria debería tener, y que rara vez consigue.

   A Jack le rescatan de la nevera los fantasmas, por los cojones, que de pronto pasan de ser entes invisibles e incorpóreos a ser capaces de abrir puertas. ¿Explicación? Ninguna, pero a cambio el Maestro nos regala otra escena lenta y sincopada con diálogos que parecen recitados, más que interpretados, a través de una puerta. Dan ganas de gritar: ¡vaaaamos, si le vas a abrir hazlo de una puñetera vez! En esto llega el cocinero al hotel, el cocinero más rápido del oeste, para palmarla en cinco minutos. Joder, ¿para qué le haces volver, si vas a matarlo? ¿Por qué me distraes con otra secuencia eterna del tipo recorriendo el pasillo para que al final le ejecutes como si nada? Pues eso, seguimos. De buenas a primeras al niño le da por decir seiscientas veces REDRUM, que en el libro tiene algún sentido, pero aquí lo escribe con pintalabios en la puerta del baño porque le sale de la polla. Como además en el doblaje castellano la voz ronca de Danny suena como RETRAT, y en lugar de dar miedo parece que quiere señalar dónde está el retrete, y te partes el culo con la escena que da gusto.

   Por fin aparece Jack, con su famoso hacha, y creemos que de una vez por todas nos va a librar del doble sufrimiento: del careto de su mujer y del coñazo del niño, pero tampoco. El chiquillo escapa por una ventana oportunamente cercana a la nieve pero a ella se le atascan las cartucheras y su tremendo pandero no sale. Menos mal, a ver si se la carga de una puta vez. Después de vomitar el monólogo de Jack sobre los cabritillos y lamentarnos de que nadie le dijera a Nicholson la diferencia entre actuar y hacer el payaso, empieza a aporrear la puerta con el hacha como hemos visto tantas veces.

Cabritillos, cabritillos. ¿Veis que me he vuelto loco? Claro, si para eso hemos venido.

   La puerta se rompe y se recompone sola como le sale de los huevos al responsable de continuidad del Maestro, y entonces Nicholson suelta su frase lapidaria, esa por la que ha pasado a los anales del cine de terror. El hecho es que en la versión original dice “Aquí está Johnny?”, en referencia a un famoso cómico americano -Johnny Carson- que introducía así su show televisivo. Pero como aquí no teníamos ni puñetera idea de eso y no conocíamos al tal Johnny, nos colaron un “Aquí está Jack”, que a fin de cuentas es como se llama el personaje. ¿Que por qué cuando ya la tiene a tiro se aleja de la puerta y pasa de ella? Eso también es un misterio para mí, queridos lectores, será que le ponen más los motores de coche oruga que terminar con el mayor error de su vida.

Se marchan todos de allí, que aquí no ha pasado nada, Jack se cepilla al cocinero y a la vez a Wendy se le empieza a aparecer gente follando, pues muy bien. Si quieres saber por qué, te lo repito, lee el libro. Jack sale a por Danny y se mete tras él por el laberinto del jardín. Para el niño no hace frío, pero a Jack, que se le debe haber olvidado ponerse la térmica debajo del jersey, se le congelan hasta los cataplines. Como además es imbécil, persigue a su hijo a voz en grito, cojeando no sabemos por qué, hasta que el niño, que es medio boyscout, se inventa un truco cojonudo para ocultar sus huellas en la nieve.

   Por su parte, Wendy está más perdida que Wally, dando vueltas sola como una estúpida por la casa, tropezándose con el cadáver del cocinero y un puñado de gente rara de cojones.  Entonces averiguamos en qué momento encaja la escena de los ascensores manando sangre con la que nos llevan machacando toda la película, aunque no sepamos a qué coño viene ni por qué después no quedan manchas en las paredes ni en el suelo ni nada. Cómo molan los fantasmas, qué limpios y eficientes todos.

¡Ala, todo el sirope de fresa por los suelos! ¡Amparo, tráete la fregona y cinco o seis cubos!

Volviendo a Danny, el truco le ha salido cojonudo y ha conseguido dar esquinazo a su padre, que empieza a palmarla de frío. Se pone a gritar como un subnormal -¿por qué?- y se pierde en el laberinto. Kubrick nos justifica que se ha vuelto loco porque se pone a cantar, y tíos, ¡que se muere congelado! Ala, final, un desenlace redondo. ¿?

El mes que viene contrato la calefacción, lo juro.

   En la última escena eterna de este engendro estirado hasta el límite vemos a Jack en una de las fotos del vestíbulo, pero no tendremos ni puta idea de por qué hasta que nos dé por leernos el libro.  Y eso es todo, fin, gracias por su dinero y perdone usted, Stephen King.

ANÁLISIS FINAL

   Yo leí el maldito libro mucho antes de ver la película, ya que un día que la alquilé me dio tanta grima el doblaje que la quité a los cinco minutos. Si es inevitable que la veáis os recomiendo pasar de las voces españolas. La paranoia de Kubrick por controlarlo todo quedó en un intento de cine de terror que, apartando los sustos fáciles y los tópicos del género, además de una efectista banda sonora, se convierte en una lánguida obra de teatro en seis escenas en las que no pasa absolutamente nada. Los personajes son los mismos al principio que al final, ni siquiera Jack muestra una evidente transformación, ya que todos sus cambios suceden tan deprisa y sin justificación que en lugar de un tipo que resulta transformado por la maldad del hotel, parece más un psicópata que se ha llevado su familia a sabiendas hasta allí para sacrificarla. La historia del libro que escribe es irrelevante, las apariciones, la preocupación del cocinero, todo está tratado tan por los pelos que no llega a calarnos en la historia. No se puede hacer una película de terror sin suspense, sin misterio, sin un por qué que se encargue de crear curiosidad en el espectador.

En El Resplandor de Kubrick los por qués se generan muy de vez en cuando y siempre quedan en el aire, las explicaciones son rápidas, insulsas, accesorias al festival de gestos y muecas de Jack y su esposa, por no hablar del careto monocorde del chiquillo. Total, que no aportan nada. El libro es un leño de tropecientas páginas pero al menos trata la historia de principio a fin, le da sentido y coherencia, no deja cabos sueltos. Dicen que Kubrick pretendía dejar un final abierto y a mi eso me parece un ejercicio de soberbia postmortem. El final abierto de Kubrick es una chapuza en la que no sabes si te están tomando el pelo, porque las cuestiones que prefiere no cerrar son demasiado serias, demasiado importantes para entender la historia como para que el excéntrico director se las pase por el forro. En fin, una película que desvirtúa un buen libro y desperdicia una prometedora historia, claro que viendo los esfuerzos del propio King por destrozarla él mismo, con la miniserie que perpetró en los noventa, más nos valdría que hubiera dejado los derechos cinematográficos del Resplandor guardaditos en casa.

VALORACIÓN

Ambiente: Nulo, la pretendida claustrofobia se convierte en un mosaico de tendencias coloristas y vanguardistas sacadas de los descartes de La Naranja Mecánica.

Música: Muy apropiada, tramposa, lo único salvable de la película. Da más miedo que todo lo demás junto.

Dirección: ¿Lo qué? Dicen que repetía algunas tomas hasta ciento cincuenta veces. No me extraña, viendo el resultado debe ser que paró de repetir por falta de luz o sueño. Qué desastre.

Actores: Lo peor, un Nicholson desquiciado y además con la lacra de la pésima actuación de esa cosa con forma humana que le acompaña, creo que hace de su mujer.

Sensaciones: No asusta, creo yo, particularmente. Le falta mucho para llegar al terror del Halloween o del Exorcista que pretende imitar. Ni la atmósfera es suficiente ni las actuaciones son creíbles, la película sería otra sin esa banda sonora y sin Jack destrozando la puerta con el hacha. Y a eso añades que cuando termina en lugar de pavor tienes cara de tonto…

Nota: Lo dejamos, ¿vale?

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