CRITICAS
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Plan 9 del Espacio Exterior (1959)

por en 26 abril 2020
 

Una de zombis me ha pedido que critique Violante y en mi vida me he visto en tal aprieto. He decidido que nada mejor que una película que recoja horrores indescriptibles del espacio exterior, que paralicen a los vivos y resuciten a los muertos. ¿Os parece un buen plan?

Exacto, la película más famosa de todo el orbe del Parnaso casposo. La cumbre de la carrera de Ed Wood. La película que siendo un bodrio patatero y el culmen de el arte cinematográfico nefasto, es a la vez la película cutrefacta más divertida que parirán los siglos. ‘Plan 9 del espacio exterior’. Veamos qué podemos decir de ella.

Vayamos con la base argumental de la película. Un anciano llora mientras se celebra un responso en un siniestro cementerio. Están enterrando a su esposa. Mientras llora y enjuaga sus lágrimas en un pañuelo, los enterradores esperan sentados sobre una canasta de merienda antes de proceder a sus labores.

Y de paso evitar que el oso Yogui les robe los emparedados.

En otro lugar un avión se prepara para tomar tierra en Burbank, se produce una fuerte sacudida en el aparato y los pilotos avistan un ovni bamboleante en el cielo, cuyo fulgor les deslumbra.

 

CENUTRIOS DEL ESPACIO EXTERIOR (E INTERIOR)

Antes de desvelar más, os voy a presentar a los protagonistas de la historia:

Criswell. Una especie de pitonisa Lola de un canal californiano de televisión hacia 1950.  Entre sus predicciones más famosas están el fin del mundo en 1.999, que el canibalismo se extendería por el mundo poco antes de esa fecha, y que su amiga Mae West iría en un cohete a la luna y luego se convertiría en presidenta de los U.S.A. Con seriedad absoluta nos suelta un monstruoso rollo patatero, prólogo y cierre de la película. En una cosa acierta, “algunos se ríen del espacio exterior” dice, algunos no, en realidad todos los que ven esta película. Pero nos reta desafiante, “¿Podéis probar que esto no ha sucedido?”.  No, no se puede, igual que no se puede probar que de noche, cuando nadie mira, los ornitorrincos bailan sardanas embutidos en un tutú.

Que Dios nos ayude en el futuro.

El viejo. Bela Lugosi (que ya había estirado la pata) tomado prestado de cierto metraje que Ed Wood había rodado para otra película que no vio la luz. El personaje se queda viudo al principio de la peli y al poco fallece atropellado mientras pasea ciego de dolor. El viejo resucita en forma de zombi embozado y Bela “resucita” en forma de tío esparragudo que no se le parece absolutamente nada.

Esposa del viejo. Ha fallecido al comienzo de la peli, y yo apostaría a que la causa de la muerte fue un auto apuñalamiento accidental con alguna de esas uñas de medio metro cada una. Es la primera resucitada por los alienígenas y va de acá para allá en una misteriosa pose de zombi-mimo que maneja una pelota invisible. Casi tan increíble como su resurrección es la faja que lleva puesta.

Jeff Trent. Un chico duro y bastante tontaina. Está casado con Paula, una chica que para lo sosilla y poca cosa que es, da demasiados dolores de cabeza. Donde realmente demuestra su talento este hombretón es en pilotar un avión con un timón de cartón y sin un sola palanca ni mando más, eso sí que es tener talento. Entre vuelo y vuelo suelta puñetazos a los invasores alienígenas.

Paula Trent. Dedicada esposa que sirve café y de reposo del guerrero a su luchador cónyuge, entre ambas tareas se suele desmayar a menudo. Si no fuera porque es la víctima ideal para caer en las garras de los zombis, sobraría en la peli.

Teniente John Harper. Es de los grandes detectives del cine mundial. Su enorme capacidad deductiva roza límites insospechados, podemos admirarlo cuando afirma: “El inspector Clay está muerto, asesinado y alguien es el responsable”.

Otra característica del personaje es su extrema habilidad con la pistola, la usa para ajustarse el sombrero, rascarse, señalar, dar órdenes… Si un día de estos no se pega un tiro en la nariz, podría disfrutar de su jubilación.

Inspector Daniel Clay. Muere al ser atacado por el Lugosi de pegote y su santa zombiesposa. Luego es resucitado, sale de la tumba digamos con cierta dificultad y su personaje, a pesar de moverse como un oso con cagalera, gana muchos enteros en el ámbito interpretativo. La verdad es que Tor es de las pocas cosas que pueden dar miedo en esta película, yo desde luego me lo encuentro en un callejón solitario con esa bocaza abierta y me cago patas abajo. También gana el personaje porque los zombis son mudos, y desde luego la dicción de Tor era más que espantosa.

Coronel Tom Edwards. El militroncho de la aventurilla. Es el mandamás de un inexistente departamento militar que controla platillos volantes que tampoco existen. Los militares es que son así.

El líder alienígena. Un curioso personaje con un hacha medieval cosida al chaleco. Vamos, lo más alienígena que han visto estos mundos de Dios. Además de mandar, ha de sufrir terriblemente con los repetidos fallos de sus secuaces y con harta elocuencia nos transmite su mortal aburrimiento. Una fregona sería más expresiva. En la vida real este actor era travesti, seguramente el travesti más aburrido de la historia.

Eros y Tanna. El actor se llama Dudley Manlove (se podría traducir como Cenutrio Hombreamor) y la verdad es que el nombre de pila le encaja, tanto al papel como al intérprete. Pero vayamos con la pareja de secuaces del espacio exterior. Él, Eros, es el experto galáctico en solaronite (o algo asín), que con displicencia despotricará contra los terrestres. Su misión es la de resucitar a los muertos terrícolas para crear el caos en la tierra; lamentablemente limitado por el tiempo (y el escaso presupuesto de la peli) sólo consigue resucitar a tres y uno de ellos casi le estrangula. Por su escasa habilidad, su ostentórea tendencia a la sobreactuación y por ponerse tan histérico que pelea arrancando y lanzando al aire paneles de instrumentos de su nave espacial, recibe el fin que se merece, ya que revienta en mil pedacitos.

Ella, Tanna, es la asistente femenina de Eros, útil para procrear y poco más. Lo demuestra al olvidar poner un extintor en el platillo volante. Por cenutria también acaba reventando.

 

EL FUTURO, DONDE PASAREMOS EL RESTO DE NUESTRA VIDA

Y volvamos a la historia en sí.

Se abre el telón, tatatachún, un cartel nos dice, “Criswell Predice”, y aparece nuestro amigo Criswell de punta en blanco, sentado y preparado para el rollo. En realidad no predice absolutamente nada, pero suelta un monólogo genial y con gran empaque. No creo que haya nadie más capaz de recitar tamaño cúmulo de disparates sin partirse la caja, pero Criswell lo consigue. “Todos estamos interesados en el futuro, porque ahí es donde vamos a pasar el resto de nuestra vida…”, sencillamente genial.

Haciendo que vean esta peli.

Un poco más de rollo sobre los terribles ladrones de tumbas del espacio exterior que vendrán en un futuro que ya ha pasado y corren los créditos.

Pasamos a un entierro, pero Criswell aún no ha acabado, la perorata nos sigue envolviendo con tópicos sobre nuestra breve existencia, mientras un predicador lee algo silenciosamente y el viejo se suena los mocos. El pequeño grupo rodea una tumba abierta hasta que por fin se van.

Nada como un entierro dirigido por Ed Wood para alegrar la mañana. Nótese la lápida erosionada por el tiempo, la encargaron hace 40 años en rebajas.

Es el momento de los enterradores que estaban esperando a distancia, se ponen a excavar… Un momento, ¿no estaba la tumba abierta? ¿Para qué se ponen a abrir más agujeros?

Y cuando los enterradores estaban en plena tarea, empezaron a ocurrir cosas extrañas. Un plano de un avión en el cielo y pasamos a una extraña cabina de avión. Vemos a dos pilotos sentados en sendas sillas, agarrando unos supuestos timones de cartón semicirculares, y de fondo un misterioso circulito de papel y un cuadernito colgando de la pared de la cabina. Para separar la cabina del avión hay una hermosa cortina de ducha plasticosa.  Alta tecnología fina.

Y de repente una brillante luz les deslumbra y aparece lo inexplicable:

En el exterior y colgando de hilo de pescar absolutamente visible, se bambolea un ovni (en esta peli todos los ovnis sufren mucho temblequeo) y en la cabina aparece la ominosa sombra del micrófono de rodaje. La finura técnica de Ed Wood empieza a brillar.

El avión con los pilotos muy confusos sigue el vuelo hasta Burbank y el platillo volador va a posarse en un cementerio. El ruido acojona a los enterradores y al grito de que a la finada la entierre Rita, salen por patas. El cadáver queda a merced de los alienígenas. Como es de esperar, la difunta sale de paseo con pinta de haberse fumado 40 raciones de algo muy caro, y por los gritos parece que va a por los enterradores y estos pasan a mejor vida.

La mitad del presupuesto de la película se fue en comprar 40 mulas de tiro para conseguir embutir a la zombi esa faja.

FUNERALES DE MADRUGADA

Antes los pilotos nos habían informado de que era muy temprano (“son las cuatro menos cuarto… los de la torre de Burbank estarán aun dormidos”). Por lo que el entierro de la difunta debió celebrarse a las tres y media de la mañana o así. Los enterradores pasan a trabajar y, por lo que se ve, parece mediodía y cuando a los pocos minutos la fallecida resucita es noche oscura. La sucesión de noche – día en planos contiguos empieza para rechifla de los buenos degustadores de cine nefastoide.

Pasamos con metraje de Bela Lugosi aún vivo. Es un triste viudo, nos dice el narrador, que camina aturdido por el dolor.

El anciano sale de escena, suena el ruido de un frenazo, y unos gritos. El anciano ha muerto arrollado por algún vehículo a motor.

 


Lo curioso es que después de morir atropellado, la sombrita del anciano siga en la esquina tan campante.

Y tenemos otro funeral en plena noche cerrada, como el cementerio de atrezo alquilado por 5 céntimos al día no daba para mucho, se rodará siempre de noche y muy muy oscuro. De una cripta escasamente más grande que la caseta de un perro gordo empieza a salir un montonal de gente. Algo así como el coche del circo de donde salen 200 payasos. Queda una pareja lamentando la muerte del anciano hasta que se dan cuenta de que…

¡Oh, astutos sobrinos míos!

Mientras se abren paso entre arbolitos de pegote, la mujer se da cuenta de que hay dos cadáveres en el suelo y suena un berrido de terror. La policía acude al lugar de los hechos y de nuevo el tío Ed nos la hace:

Sale el coche de comisarida de noche y con Clay de copiloto.

Llega el coche al cementerio de día y con Clay en el asiento trasero izquierdo. De hecho no es el mismo coche, este al menos tiene un altavoz sirena que al salir de comisarida no tenía.

En la siguiente escena ya es de noche de nuevo y Clay avanza por el costado derecho del coche.

O sea que ha llegado el Inspector Clay (Tor) quien, acompañado de otros polizontes, indaga en la escena del crimen. Oímos cómo el Inspector suelta órdenes y dan ganas de mandarlo al parvulario de vuelta para que aprenda a vocalizar un poquitín. Es normal que casi sea la única película en la que le dejan abrir la boca. Y además tenía que ser esta donde se le oyera.

Vemos al inspector Clay investigando en el cementerio que de día está más verde y florido que el jardín del Edén. De noche lo único que se ven son ramas secas de fondo. ¿Pero quién se va a dar cuenta de estas fruslerías?

Vemos al piloto Jeff en el jardín de su casa quejándose a su esposa de que los militares le han prohibido hablar del avistamiento de un ovni, del que larga como si fuera el abuelo cebolleta. Está más que deprimido. Los Trent viven al lado del cementerio, un lugar muy relajante porque los inquilinos de esas fincas no suelen armar fiestas, pero en ese momento suena una sirena. La quinta de esa noche nos dice Jeff, hay muchos policías en el cementerio, algo raro pasa. Jeff se arma de valor y le dice a su esposa que ya lo leerá en el periódico de mañana. Igualico que Batman por cierto.

Escena en el patio de los Trent. Fijaos en la valla de madera al fondo, o es de Dalí o es del carpintero mas manta que en el mundo mundial haya existido.

PLATILLOS (DE COCINA) VOLANTES

Y con los Trent seguimos. Por encima de ellos supuestamente pasa un ovni, con un ruido infernal y los Trent y los policías del cementerio acaban todos con el culo en el suelo.

Si la nave cuelga de un hilito es porque bajan y suben de vuelta a la nave nodriza con una polea, no están los tiempos para malgastar en gasofa galáctica.

De mientras el Inspector Clay andaba inspeccionando criptas y tumbas que se bambolean asazmente a su paso, va y se da de narices con la esposa zombi drogata y con el Bela de pegote también zombi. La pistola que lleva el Inspector no sirve de nada contra los zombis y el inspector acaba occiso.

Sus compañeros policías descubren el cadáver y al teniente al mando sólo le falta usar la pistola como palo de golf. El caso es que hay un responsable de la muerte. Ni Sherlock lo hubiera dicho mejor. Con toda presteza pasamos al funeral del Inspector, también de madrugada claro.

¡A la jota Machín, que eres un galopín! ¡Alegría, alegría!

Ahora ya viene la locura desencadenada, los platillos volantes vuelan sobre Hollywood y Washington, Criswell nos lo narra emocionadamente. Los periódicos lanzan la noticia y el ejército se moviliza y lanza misiles contra los platillos voladores. Pero los platillos tienen alta tecnología que convierte a los misiles en bengalitas de a kilo el euro. Y se quedan ahí tan felices mientras las explosiones les rodean hasta que se aburren y se van a pasear a otro lado.

Marcianicos disfrutando de vistas de las Fallas desde la troposfera.

Los ovnis se van de paseo espacial hacia su nave nodriza, que parece un híbrido entre una teta y un huevo frito plateado. Allí discutirán sobre el Plan 9, este consiste en resucitar a los muertos terrestres con pistolas de electrodos para usarlos contra los humanos vivientes. Los extraterrestres, vestidos como en una representación discotequera de los ochenta de Peter Pan, son igualitos que los humanos y hablan inglés a la perfección, aunque el toque alienígena les hace declamar como actores de la feria de primavera de Villanabos.

¡Estaba deseando que viniera usted por acá, Señoritoooo!

NO ES SERIO ESTE CEMENTERIO

De vuelta a casa de nuestro piloto, Jeff quiere mandar a su esposa a casa de su madre, no es que hayga divorcio en ciernes, es que se va a pilotar a las Chimbambas y tiene malos presentimientos. La esposa se resiste y promete que cerrará la puerta con pestillo, algo que como es sabido mantiene fuera de la casa moscas, mosquitos y zombis surtidos.

Pero el viejo resucitado entra a casa de los Trent por la puerta de atrás; sí, esa misma que ella había prometido cerrar. La esposa sale por piernas y es perseguida en el cementerio por ambos zombis y por Tor, que sale de la tumba con cara de boquerón fuera del agua.

La tierra se agita sobre la tumba del Inspector Clay.

Y de repente sobre una lápida que ha crecido como si tomara Cola cao, se proyecta la sombra de Darth Vader.

Luego, tras unos cuantos obligados cambios de noche a día y de día a noche, la persecución termina con Paula desmayada y siendo rescatada por un automovilista.

La escena de la huida nos da ocasión de comprobar que el bendito cementerio de las lápidas bamboleantes está cubierto por una cutre alfombra, y que las cruces son dos tablones sobre un trípode, como se ve claramente en la que hay caída en el suelo.

Mientras los zombis cambian de dirección y se van al ovni para un paseo espacial, la policía acude de nuevo al cementerio y encuentran una tumba abierta, hay que averiguar cuál es el muerto que falta. En vez de mirar en la lápida, el Teniente manda un uniformado al hoyo y le dice que lea el nombre en el ataúd (¿?).

Por lo que parece el policía se dedica más bien a ver las especies de gusanos que pululan por los laterales del agujero, pero ahí descubre que es la tumba del Inspector Clay.

Entran de nuevo a escena los militares, en realidad sólo dos, y reunidos en un despachito escuchan el ultimátum del espacio exterior con ayuda de un dicorobitario (¿?!!). Eros en la grabación les dice que tranquilitos, que somos amistosos, eso sí, como sois unos cenutrios terrícolas, si no reconocéis nuestra existencia haremos a la tierra picadillo por cenutrios, y bla, bla, bla.

La grabación acaba abruptamente por las condiciones atmosféricas del espacio exterior (¿?!!!!). Así que el teniente Edwards parte hacia Hollywood a ver qué coñetas quieren los marcianicos.

Otro salto y volamos a la nave nodriza marciana, allí el líder del cuerpo expedicionario espacial comanda las operaciones desde una mesa cubierta con aparatitos de última tecnología.

De chatarrería de 1930 claro.

El líder está preocupado por el poco éxito de Eros y hace que le traigan al zombi gordo para inspeccionarlo. Pero la pistola de la asistenta tiene los electrodos esferulados. El zombi orondo se descontrola y empieza a estrangular a Eros. La solución es tirar la pistolita al suelo para que se desatasque, así lo hace la asistenta y se salva la situación.

Una inspiración de futuros animadores de la serie de Los Simpson.

Y SE ACTIVA EL PLAN 9…

Los extraterrestres concluyen que llenando la tierra de zombis los terrícolas se verán obligados a creer en ellos. Yo particularmente hubiera usado el plan 11, consistente en hacer bailar melones color fosforito, pero no estoy al mando de la expedición. Es hora de partir de la nave nodriza de vuelta a Hollywood.

Una teta voladora ayuda a sentirse mas cobijadito en el frío espacio intergaláctico.

Otra reunión se produce en el jardín de los Trent, acuden el coronel y el teniente a degustar ese cafecito que siempre prepara Paula. Están discutiendo, cuando aparece el zombi viejales a pegarles un susto, los tiros no le detienen y se acerca a ellos hasta que, de repente, cae al suelo y queda un cuerpo inmóvil cubierto con una capa. Está en marcha el Plan 9 bis del espacio exterior, consistente en mandar a descomponerse un zombi en el jardín de los vecinos. Tras el mucho terror y aspaviento, el militroncho levanta la capa del cuerpo y ante ellos aparece un esqueleto mondo y lirondo.

Para mayor misterio, es un esqueleto lleno de tornillos.

Es hora de ponerse en acción, los machotes van a investigar al cementerio, mientras Paula queda atrás, cosa que aprovecha Eros para mandar al zombi gordo a secuestrarla. De mientras nuestros héroes encuentran el ovni. ¿Qué es lo primero que haría un militar?

Ver cómo suena usando la culata de la pistola como badajo.

Los okupakamposantos extraterrestres enseguida abren la puerta para que los terrícolas entren por la puerta. Tor, que sigue andando como si tuviera una escoba embutida en el culo, se hace con Paula nuevamente desmayada.

Y da gracias de que el palo de escoba saliera más barato que el cocotero

Por fin la conferencia entre extraterrestres y humanos se produce dentro de la nave. Como Jeff pega tiros y suelta mandobles cada vez que le estornudan, los extraterrestres se deciden a explicarse. Otra vez el rollo patatero sobre la visita pacífica por lo que no queda más remedio que destruir la Tierra antes de que los terrestres descubran el solaronite y se carguen la galaxia, nada menos que prendiendo fuego a la luz solar. Tamaña cantidad de despropósitos sólo puede acabar como acaba. Con insultos y hostias.

¡Y recontra cenutrio!

De mientras en el exterior. El Tor zombi tiene a Paula, y dos policías deciden darle con un palo, convenientemente serrado por la mitad, en la nuca para rescatar a la niña. El plan tiene éxito y el palito se parte en dos sin descalabrar a Tor en el evento. Para que digan que Ed no se preocupaba por sus actores.

De nuevo no se nota absolutamente nada.

Dentro de la nave espacial, hay ostias y Jeff da ciertos derechazos a Eros, mientras la policía y el ejército se quedan mirando para salir luego por patas. Eros, muy cabreado, arranca los paneles de control de la nave para hacérselos tragar al Jeff.

¡Toma ya válvulas electrolíticas alienígenas!

Una decisión poco sabia, Jeff da unos derechazos extras a Eros y sale corriendo. El ovni despega entre llamas y humo. El aparatejo acabará explotando sobre el cielo de Hollywood. Ganan los buenos y fin de la aventura.

Pero Criswell todavía tiene ánimos para soltarnos un poco de rollo extra.

A mandíbula batiente, sí señor.

¿Qué se podría decir de epílogo? ¿Es una de las peores películas de la historia? Sí, por supuesto que lo es. Pero en una forma entrañable. Ed Wood será recordado siempre por ser el más apasionado Pierre Nodoyuna del séptimo arte, capaz de poner toda la entrega y la pasión en el celuloide y capaz, además, de que todo saliera al revés de como estaba planeado. Así tenemos lo que debería haber sido una gran historia de drama y aventuras, convertida en la mayor comedia involuntaria que jamás haya existido y existirá.

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