CRITICAS
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Star Crash: Choque de Galaxias (1978)

por en 27 abril 2020
FICHA TÉCNICA
 
TÍTULO ORIGINAL:

Star Crash

PAÍS:

Italia

DURACIÓN:

92 minutos

 

Hoy presento una delicatesen del género cutre que ningún aficionado a este debería perderse. Si bien es toda ella una mierda, es una mierda divertidísima. El degustador de zurullos al visionar esta peli sentirá como si hubiera fallecido y ascendido al Cielo de los visionadores de excrementos. Esta condenada peli lo tiene todo.

Vean vuecencias que macizo posa Hasselhoff.

Pasemos a presentar a los protagonistas de la historia:

Stella Star: Traficanta y trapisondista, la mejor pilota pilotante de la Galaxia ya de paso. Cada mañana se desayuna unos 323 redbules y 437 cafés solos. Eso le da una capacidad de poner caretos de contagiosa alegría en todo momento, aunque lluevan elefantes y no lleve paraguas. Su vestuario estilo bikinero sadomaso y las curvas que por ello se divisan son la alegría de la huerta para cualquier machote que contemple este film.

Akton: Sus poderes son inmarcesibles, lo mismo que su peinado hortera que aguanta hasta la velocidad del hiperespacio sin que se le mueva un rulo. Como su colega Stella, toda la película se la tira poniendo cara de alegre sobredosis de cafeína y lanzando frases absurdas entre signos de exclamación. Adivina el futuro, es inmune y refleja rayos desintegradores, materializa espadas laser, descongela macizas, es karateka y hace que en la palma de su mano aparezcan efectos especiales chorras.

Simón: Es David Hasselhoff después de pasar por un salón de belleza con manicure y pericure de lo más gay. Pega unos cuantos mandobles de espadachín y posa como príncipe heredero del Imperio Galáctico Circular. Finalmente nos da mucha envidia al pegar asaces achuchones a Stella. Qué suerte tienen algunos cenutrios.

Thor: Jefe calvorota de la Policía Intergaláctica, en realidad es un topo del zafio conde Zartharn. Se fríe a sí mismo a laserazos incomprensiblemente después de comprobar que los disparos de su pistola laser rebotan en Akton y que los rayos regresan dirigidos hacia su ombligo durante más de medio minuto.

Elle: Roboto policial de extraño nombre y de más extraño acento tejano, que además grita “¡yihaw!”. Su especialidad es acompañar a Stella en las misiones de exploración y acabar desguazado. Pasa varias veces por el taller de chapa y pintura y regresa como nuevo y con el mismo acento.

Emperador del Primer Círculo Galáctico: Un eminente actor embutido en un papel cutrongo. Declama sus frases lenta y elocuentemente, aunque no puede evitar poner cara de estar a punto de sufrir ostentóreos ataques de risa por los discursos que le endilgan.

Conde Zartharn: Malévolo ser que quiere hacerse con el mando del Imperio Galáctico. Actúa de forma ignominiosamente exagerada incluso para el estándar de este cutrefilm. Se le podría describir como una especie de Pavarotti al que le han sacado 400 kilos de grasa, con toques luciferinos y sarna facial. Como se queda en su nave cuando estalla la traca final es posible que nunca consiga su objetivo.


Esbirros en cueros negros, amazonas y trogloditas saltarines: Esta película, se puede insistir, literalmente tiene de todo lo que un zurullero de pro busca degustar.

Continuaremos con la historia en sí: Una nave galáctica la mar de guerrera y de culo gordo se desplaza por un Universo con estrellas de los más variopintos colorines. Y mientras contemplamos cómo se desplaza y cruje el Acorazado Estelar de Playmobil que se llama “Murray Leinster”, nos enteramos que anda a la búsqueda del mandamás del lado oscuro, el Conde Zarthan, y lo del lado oscuro viene de que no paga los recibos de Iberdrola, nunca afirmaríamos que esto pueda ser un plagio de Star Wars.

En unos segundos empieza un ataque a la nave de los buenos con una traca de efectos especiales mierdosos que nos acompañarán hasta el final de la peli. En este caso se trata de la superposición de bolitas flotantes de lámpara de lava sobre los fotogramas del universo a colorines, que sin saber muy bien como se cargan a toda la tripulación del crucero estelar buenoide.

¡Oh cielos, nos tocan las bolas!

Por supuesto, la emocionante batalla acaba con una explosión pirotécnica a cargo a de unos falleros de quinta regional de Andorra, otra constante en esta donosa cutrepeli.

Nos vamos a la nave de Stella Star y Akton, dos forajidos estelares que huyen de los maderos del Imperio Galáctico del Primer Círculo (Elle el cabo roboto tejano y Thor jefe calvorota de la Benemérita Galáctica) . Están rodeados y hay que usar el salto al hiperespacio para huir. A pesar de que tienen un 187% de probabilidades de morir en el intento, no paran de soltar frases chorras con caras de haberse metido 124 rayas de coca ración familiar. Luego se paran a rescatar a un náufrago galáctico (un superviviente del “Murray Leinster”). Pero son de nuevo rodeados por la Surete Spatiale y llevados a juicio.

El Juez estelar, híbrido de Garzón y la rana Gustavo. 

A Stella Star le cae la perpetua, y a Akton por su cara de bueno, ojos de sapito y su permanente indestructible le caen tan solo 220 años. Para nuestro solaz Stella ahora lleva un apretado conjunto semi bikinero en cuero y con botas de tacón alto, muy adecuado para comparecer ante tribunales y como traje de presidiaria en tareas de extracción de minerales radioactivos.

Nos mudamos al planeta prisión Nocturno 2. Los miserables prisioneros son maltratados y obligados a trabajar horas y horas cargando materiales peligrosos. Y como es lógico conspiran para escapar.

El prisionero barbudo que se fija bien en los detalles del plan de fuga.

Tras una épica batalla por la libertad, Stella sale por piernas pero, ay qué cosas, la colonia penal revienta y estiran la pata guardianes y presos todos en alegre comandita. A los treinta segundos aparece una nave espacial y resulta que traían el indulto para Stella. Y es que un fallo tonto que tiene cualquiera.

Y ya reunidos de nuevo, Stella, Akton, Thor y Elle, viene de visita la proyección holográfica del Emperador galáctico, un Cristopher Plummer que intenta dar cierto empaque al asunto en medio de tanto actor cenutrio. Para los que se pregunten qué hace el Sr. Plummer en medio de esta cosa, que sepan que la hipoteca hay que pagarla mes a mes y los divorcios en Hollywood salen por una pasta gansa.

En otra transición bastante ilógica, nuestro grupete aparece en medio de un planeta de Amazonas, y lógicamente dichas amazonas lucen mucho palmito.  Stella y el robot Elle, bajan de exploración y son invitados por las amazonas a tomar chocolate con churros. Es una emboscada y tenemos oportunidad de ver una emocionante pelea de chicas (¡yupi!) en plan peli de Hong Gong.

Coz jabuguera de auténtica pata negra. 

Pero en este misterioso planeta no basta con patear y desintegrar a las amazonas, hay que librarse finalmente de una mega robota con tetas del tamaño de un Acorazado a base de laserazos en el ombligo robotil. Y lo más curioso es que se gastan el presupuesto de defensa amazónico en tamaño artefacto mecánico futurista, y lo arman con un espadón de hojalata.  Es que los recortes de Rajoy alcanzan a toda la Galaxia.

Es una robota aunque parezca más un bocata de bonito envuelto en papel albal con piernas.

Tras esta batalla, toca visitar otro planeta más. Ahí de nuevo bajan Elle y Stella a congelarse mientras Thor se revela como agente del lado oscuro, pero es derrotado por los poderes de “me rebota el laser” de Akton. Al ratito vemos que tiene más poderes como “veo el futuro” y “descongelo macizas”.

El grupito, ahora ya sólo de tres, viaja a un tercer planeta, en el camino sufren el ataque de las bolitas, y llegando otro ataque de unos cavernícolas saltarines con garrotes que parece que llueven del cielo. Thor el roboto es reducido a chatarra y Akton y Elle son llevados a unas cuevas donde aparece enmascarado Mr. Hasselhoff. Si Hasselchoff ya luce ridi, al quitarse la máscara es aún peor, lleva más rímel que labiuda la viuda Kirchner en una fiesta de Primera Comunión.

La cosa es que son otra vez capturados por el malvado Zartharn, que programa el planeta para que estalle, y los deja bajo custodia de dos robots espadachines. Llega otro de los momentos álgidos de la peli, el duelo a sablazos de Akton y Simón (Hasselchoff) contra los estupendos espadachines guardianes, que trágicamente acaba con la muerte de Akton y la huída al planeta estallante de nuestra pareja de héroes.

Mas que un duelo parece que van a sentarse en un orinal.

Simón y Stella se reúnen con el emperador que los rescata con un rayito que detiene el tiempo y ya es hora de la lucha final contra el Conde depravado. Las naves de plástico Playmobil se cruzan unas seiscientas veces por el espacio entre laserazos y explosiones que vienen y van, y las fuerzas de los buenos atacan la nave malosa con torpedos que entran por los ventanales de la nave malosa, y de los que salen al aterrizar los soldados del Emperador. Esto da lugar a un entretenido duelo entre los acólitos de ambos bandos, pero que parece inclinarse a favor de los del lado oscuro.

Lo que pasa por no poner en tu nave crucero galáctico ventanas de pvc y olvidarte de bajar las persianas. Por cierto, ¿a quién coño se le ocurre poner ventanas en un crucero espacial? 

Y en la desesperación de los buenos, aparece el plan definitivo, empotrar contra la nave de los perversos algo muy, muy gordo. Stella se hace a los mandos de una ciudad espacial que pasaba por allí y la dirige directa contra Zartharn y sus secuaces. Y ¡badaboummmmm! La nave oscura estalla en miles de pedazos y los buenos se abrazan y sonríen por la gran victoria.

Varios momentos gloriosos:

Zartharn exclama esto antes de la batalla final. Lo raro es que no concreta a cuál de los ciento siete soles que se ven a su espalda se refiere. Eso sin contar que al estar vagando entre estrellas ningún sol se va a poner. Pero eso sí, la frase queda redonda.

El montador de efectos visuales superpuestos se echa la siesta, y de repente las nubes empiezan a atravesar montañas como si tal cosa.

La jamona-prota practicando natación en el vacio espacial.

Las estrellas de mil y un colorines.

Las naves espaciales de plástico costroso y formas ridículas. Esta en concreto es la nave de batalla del malvado (¿la mano que aprieta galáctica?). Si uno se fija puede ver en alguna de ellas hasta pelotas de golf y tubos de ducha baratos hábilmente pegados con loctite.

Y llega la mayor desvergüenza de todas, la batalla final, donde se pueden apreciar entre otras cosas:

Primero, véase que la nave malosa se pone en modo defensivo, debieron fabricarla en Barcelona porque esto sucede cerrando el puño.

Lo siguiente es la salida de los cazas estelares, básicamente cinco cacharritos de plástico barato colgados de un raíl que dan vueltas y vueltas de forma ridícula.

Los acorazados estelares se defienden del ataque de los cazas y vemos que los rayos destructores salen de cualquier sitio, incluidas rejas de ventilación (si, también hay de eso) y hasta cagaderos.

Acto seguido los torpedos de asalto. Salen de la nave buenoide, y tras un periplo entran por las ventanas del Crucero Estelar malosón. Por supuesto ni hay descompresión por el vacío ni nada por el estilo. La estupefacción crece.

sorpresa, de dentro salen como montados en un sidecar parejas de soldados de asalto del Imperio Circular que se ponen prestos a pegar tiros, entre toneladas de rayitos pintados y mucha pirotecnia.

En resumen, una mierda atroz, fruto de la escuela de cine cutre italiana de la época, que divertirá y hará alucinar a los fans del género mierdero hasta límites insospechados. Muy recomendada.

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Nota del Crítico
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